Música y literatura en ruta: Cohen y Lorca

 Anticipándose a nuestras inquietudes, otros jóvenes, otros profesores han profundizado en nuestro estudio, marcándonos una vereda fácil de continuar, en este caso, el IES “Sácilis”, situado en Pedro Abad, en la provincia de Córdoba y contando con su generosidad en compartir seguimos este camino:

http://unpoemaalasemana.blogspot.com/2016/02/pequeno-vals-vienes.html

BREVE HISTORIA DE UN VIAJE

Leonard Cohen y España

El escritor granadino Federico García Lorca, uno de los escritores más trascendentes de nuestra literatura, desembarca del RMS Olympic –gemelo del Titanic– en Nueva York el 25 de junio de 1929; aunque llega con la excusa de estudiar un curso de inglés en la Universidad de Columbia y dar unas conferencias por distintas universidades de Estados Unidos y Cuba, en realidad lo que desea es curar su angustia existencial: va huyendo de una tormentosa relación homosexual, de una amistad difícil con el pintor Salvador Dalí, y de una familia y un entorno que le oprime y que provoca en él una honda crisis personal. A Lorca le impacta profundamente la sociedad estadounidense y siente desde los primeros días de su estancia en Nueva York, un hondo rechazo hacia el capitalismo, la mecanización y la industrialización de la sociedad moderna, que, según el poeta, condena al individuo a una soledad inevitable; a la vez, denuncia insistentemente el trato a la minoría negra, del mismo modo que, con anterioridad, ha hecho en Granada con los gitanos. Esta conmoción desencadena en Lorca la escritura de los poemas que más tarde van a conformar el corpus del libro Poeta en Nueva York, uno de los más importantes e influyentes de nuestras letras, en el que Lorca grita de horror: en él denuncia la injusticia y la discriminación, la deshumanización de la sociedad moderna y la alienación del ser humano, al mismo tiempo que demanda una nueva dimensión humana donde prevalezca la libertad y la justicia, el amor y la belleza. Lorca encuentra en el movimiento artístico y literario surrealista el vehículo perfecto para expresar toda la angustia de la que ya hemos hablado. Pequeño Vals Vienés, nuestro poema de esta semana, es el antepenúltimo poema de Poeta en Nueva York y representa, dentro de la estructura del libro,  la huida y la liberación de la ciudad de los rascacielos. Es un poema de amor, un amor frustrado y doloroso. Un poema profundamente rítmico y sonoro en el que casi podemos bailar con los ojos al leerlo, y donde las imágenes surrealistas en asociación libre: Hay un fragmento de la mañana […] Hay un salón con mil ventanas” “Hay una muerte para piano […] Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto”… nos hacen sentir más que reflexionar, percibir más que comprender; algo que es común a todo el libro, y a todo el surrealismo como arte, pues sus versos sugieren más allá de la comprensión racional, y es necesario dejarse llevar por la intuición.

El poema de esta semana, como hemos visto, nace en Nueva York y viaja, cuando Lorca abandona la ciudad en marzo de 1930, por la costa este de Estados Unidos en tren dentro de la maleta de su autor hasta Miami, donde Lorca embarca de nuevo hasta Cuba; y allí, en la isla, vivirá los siguientes tres meses, en los que nuestro poema descansa en las páginas de un cuaderno manuscrito. El poeta regresa a España en junio de 1930, y con él, de nuevo en su maleta, nuestro Pequeño Vals. Seis años después, en plena efervescencia bélica, y tras un prolongado proceso de configuración, García Lorca confía finalmente el poemario a su amigo José Bergamín, quien lo publicará en el exilio en México y en Estados Unidos en 1940, tres años después del fusilamiento del poeta en la Guerra Civil. Otra vez nuestro poema retorna por el atlántico al continente americano para ver la luz por vez primera;  pero el viaje no ha hecho más que comenzar.

Nueve años más tarde, un jovencísimo, imberbe y apocado, Leonard Cohen, entra en una librería de segunda mano de Montreal, su ciudad natal. Allí abre por primera vez un libro de Federico García Lorca; la magia de sus versos va a dejarle una huella tan profunda que va a marcar, como más tarde reconocerá, su carrera literaria; y tal es su embelesamiento por la obra del granadino, que llamará a su primera hija Lorca. En la misma época, Cohen (aún no sabe que va a convertirse en uno de los más fascinantes compositores musicales), pasea cerca de la casa de su madre por un parque de la misma ciudad; en ese momento ve a un joven, al que llaman el gitano de Montreal; está tocando para unas chicas; se acerca y le ruega, emocionado por su música, que le dé lecciones. Acuerdan un precio y el músico callejero acude a su casa para enseñarle los primeros acordes. El joven es español, y el instrumento que toca es una guitarra flamenca. A las pocas semanas, el improvisado profesor no vuelve, Cohen llama a la pensión en donde se alojaba y allí le dicen que se ha suicidado.

Muchos años después, en 1988, Leonard Cohen, convertido ya en una figura mundialmente conocida, edita su álbum I’m your Man, que incluye una canción titulada Take This Walz (una joya de belleza deslumbrante), versión musical del Pequeño Vals Vienés. Un éxito mundial que, teniendo como vehículo la lengua inglesa, va a llegar a todos los rincones del planeta, no sólo en televisiones y emisoras de radio, sino también a través de las posteriores giras multitudinarias del canadiense, en donde nuestro Pequeño Vals, de la mano de Leonard Cohen y cantado en todos sus conciertos, va a viajar por todo el mundo, desde Australia a Europa, pasando por Israel, Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá.

En 2011, Leonard Cohen recibe el premio Príncipe de Asturias de las Letras, y en la ceremonia de entrega afirma que, gracias a los versos del poeta Federico García Lorca, encontró su “voz”, y, merced al guitarrista que conoció en Montreal, aprendió “esos seis acordes y ese escaso flamenco” que han sido la base de todas sus canciones y toda su música. La admiración de Cohen por el arte español pasa, como vemos, por el flamenco (fue seguidor de Camarón, al que fue a ver al Olimpia de París al final de su vida). Quizá por eso, los primeros discos del canadiense tienen un aire flamenco.

Diecinueve años antes, en 1992, Enrique Morente, que se ha dado cuenta de esos matices flamencos en la música de Cohen, trabaja en un disco de versiones suyas junto a Pepe Habichuela. Es el germen de Omega, un álbum antológico en la historia de la música española. Cohen vuelve a estar de gira por España con su disco The future y un amigo común, que siempre supo de la relación de Cohen con el flamenco, decide presentarle a Enrique Morente. Bajo la cúpula del hotel Palace en Madrid, dos genios, Cohen y Morente, brindan por Federico García Lorca, que precisamente había sido un habitual del bar del hotel, dato que ellos celebran.

El primer encuentro en el Palace, según alguno de los presentes, es más parecido a una charla amistosa que a una reunión profesional. Teniendo como barrera el idioma, cada uno, como puede, le reconoce al otro su admiración, pero es suficiente para que Omega viera la luz en 1996. En colaboración con el grupo de rock granadino Lagartija Nick, y basándose en algunas canciones de Cohen, Enrique Morente crea uno de los discos más vanguardistas de la fusión entre el flamenco y el rock. El Pequeño Vals Vienés es la segunda canción de este álbum. Se trata de un vals aflamencado en el cual la voz arrebatada de Lorca emerge de la honda garganta del cantaor con un aire nuevo, profundo, misterioso e intensamente emocionante que siempre acaba poniéndome los pelos de punta. Nuestro Pequeño vals vuelve a la carretera y a visitar numerosísimas ciudades de todo el mundo, pero esta vez de la mano de Enrique Morente y Lagartija Nick.

Se han hecho muchas versiones posteriores: Ana Belén en Lorquiana (1998), o la propia hija de Enrique Morente, Soleá, con una voz preciosa, son algunos ejemplos. Pero es la nueva versión de la catalana Silvia Pérez Cruz en su disco Granada (2014) la que ha conseguido conmoverme de nuevo; y mira que el listón con los dos maestros lo tenía alto. Lo excepcional es que le da otro giro en el que expresa el desgarrador dolor del poeta con una verdad y una sinceridad tan íntima y sentida que taladra los tímpanos y el corazón. Una versión tan innovadora que, partiendo del vals aflamencado de Morente vía Cohen, como sabemos, consigue llevarla por momentos a ritmos de jazz o blues. Sencillamente, una maravilla. Hace unos meses un amigo me habló por primera vez de ella y me puso su arte en el oído; y sólo un par de semanas atrás, El País Semanal le dedicó, además de la portada, un excelente reportaje; pero confieso que ha sido este fin de semana cuando he comenzado un idilio con la voz, la interpretación, la delicadeza e, insisto, el desgarro de Silvia Pérez Cruz, que me ha tocado en lo más hondo.

Y otra vez nuestro Pequeño Vals por autopistas y aeropuertos, y ojalá que la historia continúe…

La historia que acabo de contar refleja la Andalucía que me gusta, y con la que me identifico. Esa Andalucía que, partiendo de lo andaluz, se abre al mundo y habla en esencia de lo que es común a todos los seres humanos y trasciende lo regional para hacerse universal. La Andalucía formada de distintos pueblos; la Andalucía de Velázquez, Mariana Pineda, Falla, Picasso, Lorca o María Zambrano; la Andalucía de la luz, el paisaje y la alegría en la calle. Sin embargo, aborrezco la Andalucía superficial y barata promovida desde las instituciones andaluzas, difundida y potenciada por las televisiones regionales; tanto como aborrezco el absurdo orgullo exacerbado andaluz, y su opuesto, el complejo; o el estereotipo del andaluz tan frecuente más allá de nuestras fronteras.

Creo que la única solución a nuestra histórica, económica y culturalmente deprimida región, y a la disolución, por tanto, de la imagen que proyectamos hacia fuera (aunque en esto último también tienen mucho que ver los medios de comunicación nacionales), es la educación, y solo la educación. Ojalá seamos verdaderamente conscientes cuanto antes, e invirtamos, con sentido común, el tiempo, el esfuerzo y el dinero que nos merecemos.

Soy andaluz, no puedo ni quiero sustraerme de esa realidad. Pero no soy andalucista; como tampoco sería nacionalista catalán, vasco, gallego o español. No entiendo ningún nacionalismo ni entiendo la crítica al nacionalismo desde otro nacionalismo. Sabemos que el concepto mismo de nación hunde sus raíces en el idealismo filosófico y en el movimiento romántico surgido en Europa a finales del siglo XVIII, con distintas motivaciones y fines tanto culturales y sociales como económicos; sin embargo ¿tiene algún sentido en la actualidad mirarse al ombligo en un mundo cada vez más internacionalizado, en donde la propia inercia de las historia nos regalará la mezcla y enriquecimiento mutuo entre culturas?

Quiero concluir este comentario con la letra de un fandango de El Cabrero, uno de mis cantaores flamencos predilectos; un sabio capaz de cantar un soneto de Borges por bulerías o de escribir maravillosos versos como estos, que sintetizan muy bien lo que yo siento por Andalucía, por el hecho mismo de existir, y por mi manera de estar y concebir el mundo:

Andalucía es mi “mare”

y como un hijo la quiero

Andalucía es mi “mare”

de corazón la venero

pero yo soy como el aire

mi patria es el mundo entero…

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte

y un bosque de palomas disecadas.

Hay un fragmento de la mañana

en el museo de la escarcha.

Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals, este vals con la boca cerrada.

 

Y en Viena hay cuatro espejos

donde juegan tu boca y los ecos.

Hay una muerte para piano

que pinta de azul a los muchachos.

Hay mendigos por los tejados.

Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals, este vals que se muere en mis brazos.

 

Este vals, este vals, este vals,

de sí, de muerte y de coñac

que moja su cola en el mar.

 

Porque te quiero, te quiero, amor mío,

en el desván donde juegan los niños,

soñando viejas luces de Hungría

por los rumores de la tarde tibia,

viendo ovejas y lirios de nieve

por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals, este vals de cintura quebrada.

 

En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orilla tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals.

¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals, que se muere en mis brazos.

 

Este vals, este vals, este vals,

de sí, de muerte y de coñac

que moja su cola en el mar.

 

Porque te quiero, te quiero, amor mío…

Now in Vienna there’s ten pretty women There’s a shoulder where Death comes to cry There’s a lobby with nine hundred windows There’s a tree where the doves go to die There’s a piece that was torn from the morning And it hangs in the Gallery of Frost Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take this waltz with the clamp on its jaws Oh I want you, I want you, I want you On a chair with a dead magazine In the cave at the tip of the lily In some hallways where love’s never been On a bed where the moon has been sweating In a cry filled with footsteps and sand Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take its broken waist in your hand This waltz, this waltz, this waltz, this waltz With its very own breath of brandy and Death Dragging its tail in the sea There’s a concert hall in Vienna Where your mouth had a thousand reviews There’s a bar where the boys have stopped talking They’ve been sentenced to death by the blues Ah, but who is it climbs to your picture With a garland of freshly cut tears? Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz Take this waltz it’s been dying for years There’s an attic where children are playing Where I’ve got to lie down with you soon In a dream of Hungarian lanterns In the mist of some sweet afternoon And I’ll see what you’ve chained to your sorrow All your sheep and your lilies of snow Ay, Ay, Ay, Ay Take this waltz, take this waltz With its “I’ll never forget you, you know!” This waltz, this waltz, this waltz, this waltz … And I’ll dance with you in Vienna I’ll be wearing a river’s disguise The hyacinth wild on my shoulder, My mouth on the dew of your thighs And I’ll bury my soul in a scrapbook, With the photographs there, and the moss And I’ll yield to the flood of your beauty My cheap violin and my cross And you’ll carry me down on your dancing To the pools that you lift on your wrist Oh my love, Oh my love Take this waltz, take this waltz It’s yours now. It’s all that there is.

Comentario del Pequeño vals vienés

El surrealismo de esta época lleva los símbolos y las metáforas al extremo; y hace que en todo el libro se viva en una especie6 de caos y confusión, de sueño destructivo.

Sin embargo, en el “Pequeño vals vienés”, uno de los últimos poemas del libro, no encontramos esta temática. Es un poema de amor, de amor profundo y de amor desesperado.

Es un poema y una canción que se mueve a ritmo de vals según lo vamos leyendo. Es una música que resuena en nuestros oídos con la pronunciación de cada palabra.

Es la plasmación de un sueño misterioso en el que van apareciendo elementos contrarios que nos hablan de amor, de belleza y de vida, pero también de muerte y de dolor.

Hay diez muchachas, pero también un hombro donde solloza8 la muerte.

Hay un fragmento de la mañana, pero está en el museo de la escarcha.

Hay palomas, pero están disecadas.

Hay frescas guirnaldas9, pero son de llanto.

Hay lirios, pero son de nieve.

El violín es también un sepulcro10.

Hay un vals que es al mismo tiempo muerte y coñac.

Es un poema de amor, pero de amor frustrado, en el que los versos sugieren y nos hacen sentir. Todo es misterio. No podemos ni debemos encontrar una comprensión racional porque no la hay. Esto es lo típico del movimiento surrealista. Tenemos que dejarnos llevar por la intuición y por el sentimiento que nos produce.

Comentario: https://hablacultura.com/cultura-textos-aprender-espanol/literatura/comentario-pequeno-vals-vienes/

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Nuestra banda sonora

Un fragmento nos acompañó durante nuestra Ruta (hemos suprimido las acotaciones).  Pertenece a una obra de teatro, el complejo drama vanguardista Así que pasen cinco años (acto tercero, cuadro primero ), que Lorca subtituló “Leyenda del tiempo”. La obra representa la tragedia del ser humano, víctima de sus sueños y del tiempo:

El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

Federico García Lorca, Así que pasen cinco años [1933].

Fue popularizado por el cantaor Camarón de la Isla al incluir en su álbum “La leyenda del tiempo” (1979) un tema basado en ese texto de García Lorca, que dio nombre al disco. Esta es la que íbamos escuchando cada día en el autobús después de las explicaciones de Miguel…

Veinte años más tarde, Enrique Morente incluyó en el álbum “Lorca” (1999) una nueva y magnífica versión, en la que recoge íntegramente el texto del poeta, ya conocido como “La leyenda del tiempo”.

Ahora, su recuerdo nos acompaña como testigo de unos días fantásticos.

Málaga y sus museos

Última etapa en Málaga. Nuestro día comenzó en el mirador de Gibralfaro, con sus espectaculares vistas de la ciudad. Después conocimos un poco la zona de la catedral con un paseo que acabó en el museo Picasso.

Después de comer visitamos el Museo Pompidou y su exposición Utopías modernas, que disfrutamos muchísimo gracias a sus estupendos guías.

Mañana toca regresar a casa, pero volvemos con las mochilas cargadas de experiencias y sueños.

¡Gracias Rutas CAL!

Granada

Hoy despertamos en Granada para ir, de la mano de Miguel Ríos, a La Alhambra. Una maravillosa y amena visita gracias a nuestros guías. Después hemos recorrido algunas callejuelas del Albaicín para comer junto al mirador de San Nicolás.

La tarde se nos ha quedado corta en el Parque de las Ciencias, en especial en la exposición Play, de música y ciencia. A partir de ahora, como diría Juan Ramón Jiménez, “iremos todos los otoños a Granada a morirnos un poco… ”

 

Más allá, al sur, Málaga…Seguimos!

Lecciones

A lo largo del día hemos recibido varias lecciones de vida que, ojalá, no olvidemos nunca…

Comenzamos la mañana en El Ejido con Lola, una agricultora sin títulos, pero con mucha sabiduría, que nos ha contado la necesidad de educar a las plantas, a las personas, pero sobre todo, nos ha mostrado con su ejemplo, que otro mundo es posible y que el cambio comienza en nosotros.

Además, os ponemos unos vídeos que resumen algunas de las cosas que nos ha contado:

Después Enrique, maestro panadero, nos ha transmitido la importancia de su oficio mientras nos metíamos en harina…

Para acabar en Granada, con Leonard Cohen y Enrique Morente de banda sonora.

Más allá, Lorca y la Alhambra…Seguimos!

Palmeras

Tras atravesar la península de oeste a este despertamos en Cartagena, lugar de gentes amables y siluetas de palmeras que se recortan desde el horizonte. Un clima cálido y húmedo, salino. Más allá, el Mare Nostrum

Literatura y música en ruta

Ahondando en este extraordinario recorrido que en nada emprenderemos, nos ocupamos ahora de esa gran amiga “la música” que no nos abandonará en este viaje iniciático de vida y experiencias:

¿Qué material aportaron nuestros poetas de la Generación del 27 a la sociedad que les supo escuchar? ¿Sigue siendo válido para nuestra juventud actual? ¿Podemos sentirnos identificados con sus poesías a través de la música de hoy? Nuestro recorrido nos llevará por poemas, autores, músicos, versiones, ideas e ideales que nos ayudarán a hacer de este camino nuevos puentes de curiosidad creativa y enriquecedora, alimentando espíritus con  vivencias compartidas, para volver de este viaje con la ilusión del trecho conjunto recorrido, espíritus anhelantes ante esta etapa que se acaba  y la ventana al futuro que se vislumbra….

Adentrémonos, pues, y que la magia de la “música” nos guíe por el camino.

lorca

Federico García Lorca

Granada está hecha para la música porque es una ciudad encerrada, una ciudad entre sierras donde la melodía es devuelta y limitada y retenida por paredes y rocas” afirmó Federico García Lorca en “Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre”.

Para conocer esta conferencia dada por Federico García Lorca sigue este vínculo

Buñuel

Falta muy poquito para comenzar nuestro viaje y, aunque estamos inquietos, no dejamos de aprender acerca de la figura central de nuestro proyecto, el cineasta Luis Buñuel. La Comunidad de Madrid acaba de editar una guía sobre los lugares que frecuentaron Buñuel, Lorca y Dalí. Podéis verla pinchando aquí

Además, en este vídeo se habla de la relación que tuvieron estos artistas.